INVOLUCIÓN
Hace unos días, un mostrenco con cara de rebuzno me increpó en la calle, llamándome “fachón”, aumentativo de facha. Por si no le hubiera oído suficientemente me lo repitió varias veces, como si a fuerza de la insistencia me hiciera más daño. Y me recordó que mi abuelo tomó parte activa en el alzamiento de Franco. Yo le admití, sin responder al pretendido insulto, que mi abuelo se levantó contra la transgredida legalidad republicana para defender los valores cristianos perseguidos con saña desde aquel frente “popular” que conspiró contra el orden constitucional y para masacrar a la derecha republicana en un ensayo de guerra civil antes de que se produjese con la sublevación franquista. Es decir, que la guerra civil empezó antes del 36, por mucho que la teoría oficial de la izquierda trate de hurtar la verdad histórica, manipulándola.
No me dio tiempo de decirle que mi abuelo materno estuvo a punto de que le dieran el paseo a la eternidad, si no hubiera sido por un alcalde falangista que dio la cara por él a pesar de haber sido republicano. Pues entre aquel alcalde y mi abuelo materno había una amistad y respeto mutuos pese a las diferencias ideológicas. Intenté decírselo pero no me escuchaba. Estaba demasiado empeñado en hacerme daño con la palabra –ya vacía de su sentido originario- “facha”.
Tampoco pude decirle que mi abuelo materno, que sobrevivió a la represión franquista amaba profundamente a mi padre que se enroló de forma voluntaria en el bando “nacional”, también llamado “bando azul”. Y que ese aprecio familiar nacido de la mutua tolerancia y comprensión era correspondido por mi padre hasta el punto de que nunca le vi llorar con tanta amargura como cuando murió mi abuelo republicano. No me dejó decírselo el aquilatado demócrata que intentó hace unos días hacerme daño llamándome fascista a sabiendas de que mi biografía personal ha estado ligada a la izquierda, si bien hoy, visto lo que hoy está pasando, comprendo que la realidad republicana era inviable tal como se desarrollaron aquellos hechos, demasiado ligados a la revolución bolchevique que se estuvo preparando de la mano de personajes como Largo Caballero e Indalecio Prieto. Con la revolución de octubre del 34, o con las persecuciones al estamento clerical, los intentos de asesinato a Gil Robles... que fueron culminadas y materializadas en la persona de Calvo Sotelo, asesinado por la escolta personal de Indalecio Prieto.
He militado más de quince años en el Partido Socialista, precisamente como forma de rebelión a un orden político que no me gustaba por liberticida, en tiempos de Franco. Y rompí el carné cuando un dirigente me dijo en las postrimerías del pasado siglo que el Partido Popular no era adversario político sino un enemigo electoral y que los nacionalistas eran los aliados naturales de los socialistas. En ese momento me di cuenta de que había tirado por la borda quince años de mi existencia en una actividad política sin sentido.
Pero para qué tratar de explicarle todo eso a un mendrugo que no ha sido capaz de entender, pese a sus más de cincuenta años de vida, que no se va a ninguna parte bajo el signo de las dos Españas, que no hay solución en el enfrentamiento entre españoles, que no sirve para nada la fragmentación de España, salvo para el control político y beneficio de los caciques locales, pues esa deriva nos lleva a la balcanización y a la pérdida de competitividad económica respecto a los países de nuestro entorno. Que con el partido único (PSOE), tras el arrinconamiento del otro partido que tiene depositado la posibilidad de la alternancia política y, por tanto, del pluralismo político y de la democracia, ésta tornará en dictadura anticonstitucional. Que con las agresiones orquestadas, por la mal llamada izquierda, al líder del partido de la oposición, que tiene el respaldo de la mitad de la ciudadanía española, caminamos hacia la descomposición de la democracia en España, y que supone una rebelión fáctica al propio Estado de Derecho y al debido respeto democrático, al propio pluralismo político y social. Que transgrediendo la Constitución por la vía de hechos consumados caminamos al despotismo tiránico, como cuando se separa a una parte del ejército del mando directo del Rey, como órgano supremo de jefatura de las fuerzas armadas, poniéndolo bajo las órdenes directas del Presidente del Gobierno de dudosa legitimidad tras los sucesos del 11-M, o se aprueba una reforma de una autonomía al margen del propio mandato constitucional sin ponerla a consideración del conjunto de los españoles. O cuando se altera el pacto de convivencia que supuso la transición política con renuncia a sus programas políticos para conformar un escenario democrático.
En definitiva, que desarrollar políticas de partido orillando, ignorando y agrediendo al principal partido de la oposición es todo menos democrático y respetuoso con el marco político nacido en la Constitución Española.
Eso sin considerar otras variables: autoría e ingredientes actuantes en el 11-M, pacto con ETA para reproducir el Acuerdo de Estella de exclusión a un nivel más amplio, etc.
En consecuencia. No soy yo el facha, son otros. Pues.... por sus hechos les conoceréis. Los míos están a la vista de todo el mundo.
No me dio tiempo de decirle que mi abuelo materno estuvo a punto de que le dieran el paseo a la eternidad, si no hubiera sido por un alcalde falangista que dio la cara por él a pesar de haber sido republicano. Pues entre aquel alcalde y mi abuelo materno había una amistad y respeto mutuos pese a las diferencias ideológicas. Intenté decírselo pero no me escuchaba. Estaba demasiado empeñado en hacerme daño con la palabra –ya vacía de su sentido originario- “facha”.
Tampoco pude decirle que mi abuelo materno, que sobrevivió a la represión franquista amaba profundamente a mi padre que se enroló de forma voluntaria en el bando “nacional”, también llamado “bando azul”. Y que ese aprecio familiar nacido de la mutua tolerancia y comprensión era correspondido por mi padre hasta el punto de que nunca le vi llorar con tanta amargura como cuando murió mi abuelo republicano. No me dejó decírselo el aquilatado demócrata que intentó hace unos días hacerme daño llamándome fascista a sabiendas de que mi biografía personal ha estado ligada a la izquierda, si bien hoy, visto lo que hoy está pasando, comprendo que la realidad republicana era inviable tal como se desarrollaron aquellos hechos, demasiado ligados a la revolución bolchevique que se estuvo preparando de la mano de personajes como Largo Caballero e Indalecio Prieto. Con la revolución de octubre del 34, o con las persecuciones al estamento clerical, los intentos de asesinato a Gil Robles... que fueron culminadas y materializadas en la persona de Calvo Sotelo, asesinado por la escolta personal de Indalecio Prieto.
He militado más de quince años en el Partido Socialista, precisamente como forma de rebelión a un orden político que no me gustaba por liberticida, en tiempos de Franco. Y rompí el carné cuando un dirigente me dijo en las postrimerías del pasado siglo que el Partido Popular no era adversario político sino un enemigo electoral y que los nacionalistas eran los aliados naturales de los socialistas. En ese momento me di cuenta de que había tirado por la borda quince años de mi existencia en una actividad política sin sentido.
Pero para qué tratar de explicarle todo eso a un mendrugo que no ha sido capaz de entender, pese a sus más de cincuenta años de vida, que no se va a ninguna parte bajo el signo de las dos Españas, que no hay solución en el enfrentamiento entre españoles, que no sirve para nada la fragmentación de España, salvo para el control político y beneficio de los caciques locales, pues esa deriva nos lleva a la balcanización y a la pérdida de competitividad económica respecto a los países de nuestro entorno. Que con el partido único (PSOE), tras el arrinconamiento del otro partido que tiene depositado la posibilidad de la alternancia política y, por tanto, del pluralismo político y de la democracia, ésta tornará en dictadura anticonstitucional. Que con las agresiones orquestadas, por la mal llamada izquierda, al líder del partido de la oposición, que tiene el respaldo de la mitad de la ciudadanía española, caminamos hacia la descomposición de la democracia en España, y que supone una rebelión fáctica al propio Estado de Derecho y al debido respeto democrático, al propio pluralismo político y social. Que transgrediendo la Constitución por la vía de hechos consumados caminamos al despotismo tiránico, como cuando se separa a una parte del ejército del mando directo del Rey, como órgano supremo de jefatura de las fuerzas armadas, poniéndolo bajo las órdenes directas del Presidente del Gobierno de dudosa legitimidad tras los sucesos del 11-M, o se aprueba una reforma de una autonomía al margen del propio mandato constitucional sin ponerla a consideración del conjunto de los españoles. O cuando se altera el pacto de convivencia que supuso la transición política con renuncia a sus programas políticos para conformar un escenario democrático.
En definitiva, que desarrollar políticas de partido orillando, ignorando y agrediendo al principal partido de la oposición es todo menos democrático y respetuoso con el marco político nacido en la Constitución Española.
Eso sin considerar otras variables: autoría e ingredientes actuantes en el 11-M, pacto con ETA para reproducir el Acuerdo de Estella de exclusión a un nivel más amplio, etc.
En consecuencia. No soy yo el facha, son otros. Pues.... por sus hechos les conoceréis. Los míos están a la vista de todo el mundo.

4 Comments:
Disculpa, Ernesto, no fue Jose Antonio sino Calvo Sotelo el asesinado por guardaespaldas de Indalecio Prieto.
Un saludo entrañable.
Gracias. Ya lo he cambiado. Ha sido un lapsus.
Con lapsus y todo, magníficas palabras. Es una suerte que aún quede gente como tú en la enseñanza vasca.
Un cordial saludo.
Comparto su desencanto con la deriva nacionalista del PSOE y con las consecuencias que tiene y tendrá para todos nosotros en el futuro.
Su exposición es muy clara, sin complejos. Si la va repitiendo por ahí seguramente le repetirán unas cuantas veces lo de facha, porque o se comulga con la "doctrina" zapateril o se es un facha, porque si se discute la constitucionalidad del Estatut, se es un catalanófobo, y si se discute la idoneidad de saltarse el Acuerdo por la Libertades y contra el Terrorismo ... ni le cuento.
Un cordial saludo.
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